Pablo Stefanoni “La crisis de la idea socialdemócrata”

La crisis de la idea socialdemócrata

Pablo Stefanoni

 

Al cumplirse 150 años del Partido Socialdemócrata alemán, la socialdemocracia se encuentra frente a una severa crisis. En las recientes elecciones germanas, el SPD sólo obtuvo un 27% y hace escasos días sus afiliados avalaron por medio del voto la decisión de su dirección de conformar una Gran Coalición con la vencedora e imbatible Angela Merkel que solo por poco no consiguió la mayoría absoluta. Como apuntó Ángel Ferrero en la revista Sin Permiso, El SPD es hoy un partido sin carisma, liderado por un equipo de tecnócratas cuyos ideólogos principales, encargados de aportar ideas frescas, son Helmut Schmidt (94 años) y Erhard Eppler (86 años). Muchos socialdemócratas coinciden en que el partido es más grande que su presente. La Gran Coalición es justificada con argumentos de “responsabilidad” y al mismo tiempo se sostiene en el temor de que la opinión pública castigara su intransigencia: si Merkel convocaba nuevas elecciones ante la ausencia de mayorías, estimaban que ni siquiera obtendría la módica votación de septiembre pasado.

Nadie espera que algún diputado socialdemócrata imite hoy a Bebel, y como él en 1869, diga: “Soy, caballeros, ustedes lo saben bien, un decidido adversario de este sistema, lo combato con todos los medios que están a mi disposición”. Pero el problema es que en muchos sentidos, la socialdemocracia europea abandonó no la revolución sino el reformismo, precisamente en un momento en el que la idea de revolución en el sentido marxista-leninista clásico quedó fuera de circulación. Esto muestra que, como muchos sospecharon, reforma y revolución tienen una unidad dialéctica que históricamente fue muy productiva: las reformas funcionaron en muchos casos como antídoto frente a la amenaza de la revolución. Y hoy en día parece necesario, justamente, un reformismo revolucionario capaz de dar respuesta a las crisis que se superponen en la economía –y la sociedad- global.

Esta situación incomoda al emblemático Zigmunt Bauman quien en un homenaje a Lasalle en Polonia, señaló que “desde la adopción de la Agenda 2010 por parte del canciller Gerhard Schröder, el SPD ha perdido un tercio de sus miembros, un retroceso desastroso en la historia del partido”. Y prosigue: “El maravilloso escritor portugués José Saramago lo expresó de manera cruel e incluso brutal: ‘En cierto momento, el movimiento [socialdemócrata] representaba algunas de las mayores esperanzas de la humanidad, pero con el paso del tiempo ha dejado de jugar ese papel’. El programa de la izquierda le dice a la derecha: ‘Cualquier cosa que hagas, nosotros la haremos mejor’”.

Pero no se trata sólo de la socialdemocracia alemana. En su conjunto, los partidos socialistas europeos se volvieron corrientes social-liberales y sus dirigentes comenzaron a vislumbrar que tras el periodo de gobierno un buen futuro posible pasa por ser lobbystas o directores de grandes empresas. Así, Felipe González se transformó en un activo lobbysta del mexicano Carlos Slim, el segundo hombre más rico del mundo según la revista Forbes. Además, fundó sociedades, creó fondos de capital de riesgo, trabaja para Gas Natural y cobra miles de euros por sus conferencias.

Pero estos retiros dorados sin duda son un fuerte condicionante político/sociológico. Y posiblemente cada primer ministro socialista comience a descontarlo mientras está en el poder.

Felipe no es el único. Schröder es director de Gazprom y el británico Tony Blair fue fichado por la empresa de productos de lujo Louis Vuitton, pero además, desde el final de su mandato en 2007, Blair se ha convertido en asesor de numerosas empresas: UI Energy, empresa surcoreana con contratos de explotación de petróleo en el kurdistán iraquí, el fondo de inversiones de los Emiratos Árabes Unidos Mubadala, o la familia real de Kuwait . Asimismo, es consultor permanente en JP Morgan Chase, Zurich Insurance Group Ltd. (ver diario Público: 19/3/2010).

Sin duda en el terreno cultural, los socialistas han hecho un mejor papel, como Zapatero en España, como se ve ahora con el retroceso de Rajoy en relación al derecho al aborto. También Zapatero –al igual que Hollande en Francia- favoreció la aprobación del “matrimonio para todos” y habilitó la memoria histórica en relación al franquismo. Pero esa izquierda cultural no se trasladó a lo económico.

El problema en todo caso, es que las alternativas a la izquierda de la socialdemocracia no crecen (salvo Syriza en Grecia). Y son más bien populismos de derecha, como el de Marine Le Pen en Francia, quienes se benefician se la crisis. Quizás sea necesario pensar la crisis de la socialdemocracia en el marco de una crisis más amplia de las izquierdas, en el marco de la ya mencionada dialéctica entre reforma y revolución. Para ello no basta, como sostienen algunos compañeros europeos, en buscar en América Latina una nueva meca de la revolución. Ni Grecia tiene soya o petróleo ni el nacionalismo-popular funciona de la misma manera en el viejo continente, como compleja y ambivalente identidad de movilización y cambio social.

Fuente: http://www.paginasiete.bo/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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