24072014_01_noti

Eduardo Victor Lapenta
Partido Socialista de Azul

La situación de estancamiento de Azul no se resuelve con un nuevo Intendente en 2015. Montar otro gobernante, del partido que fuera, en la estructura de poder personal casi absoluto del Intendente, que se ha consolidado en nuestro partido, solo nos llevaría a una nueva frustración.

Necesitamos un pacto ciudadano para la democracia participativa, que impongamos al gobierno de Azul. Solo podemos exigirlo entre todos, ciudadanos, entidades de la sociedad civil y partidos políticos, participando la elaboración, discusión, y firma de un documento refundacional.

El pacto ciudadano con los compromisos básicos, personales y partidarios, que debería asumir todo candidato a Intendente o Concejal.

Los ciudadanos y el derecho a la ciudad

Ciudadanos son los que conviven, libres e iguales, en una ciudad que se autogobierna. Es un sistema de vida colectiva que pretende ampliar la libertad individual, impedir la marginación, y reducir la desigualdad.

La ciudad misma es democracia en acción, en ella se reconocen (o se niegan) los derechos que debe asegurar la convivencia: educación, salud, trabajo, vivienda, servicios, transporte, esparcimiento, bienes culturales, seguridad, justicia, etcétera.

No debemos juzgar la ciudad por su centro comercial, sino por cómo trata a los que menos tienen, por la redistribución social con lo público; por la equidad con los barrios de la ciudad y las demás localidades del partido. La ciudad nos da (o nos priva) las condiciones esenciales para vivir con dignidad.

Lo público no es igual a lo gubernamental

Los habitantes de una ciudad integran y generan lo público. Algunos lo hacen desde la participación comunitaria, que se agrupa en entidades de la sociedad civil. Hay emprendedores sociales, luchadores comunitarios, innovadores de lo público, etcétera. Otros, acuden a la participación política, y se identifican con los partidos políticos en el diseño de propuestas y planes de gobierno. Ambos que se esfuerzan en mejorar la comunidad y la vida de la gente.

Solo una mirada miope puede subordinar la energía y creatividad de lo público, al gobernante de turno. Así se desprecia el talento, el conocimiento, la experiencia, la innovación social, las capacidades comunitarias, y se impone un embudo adonde una sola persona decide el destino de la ciudad.

El Intendente reemplaza hasta la identidad de Azul y los azuleños. Su imagen, su firma o su “gestión”, multiplicada en la propaganda oficial por todos los medios de comunicación, sustituye nuestra esencia y raíces, nuestra cultura y porvenir. Hay que reaccionar con fuerz contra esa visión maniquea, que niega todo lo que no proviene de su facción partidaria. Nos han robado el DNI, y deambulamos por la vida sin identidad.

Acumulación desmesurada del poder político

Lo público solo puede asegurarse con un estado fuerte, que haga cumplir las decisiones comunes adoptadas en forma democrática y participativa.

Pero estado fuerte no equivale a gobierno autoritario. Cuando el Intendente acumula el poder que debiera estar distribuido, inexorablemente se desvía hacia formas de corrupción, obteniendo beneficios personales, sea con finalidad electoral de su facción política, sea para sus familiares o amigos, o para lograr beneficios económicos indebidos. El efecto es contrario, porque el gobierno autoritario es presa fácil de los poderes económicos que pretendíamos controlar. Se multiplican las denuncias de negociados.

El Concejo Deliberante no ha logrado ejercer sus potestades constitucionales básicas, y en lugar de actuar como órgano del poder municipal, se convierte en un foro declamatorio. Intendente y Concejales confluyen, por acción o por omisión, para que ello sea posible.

Destrucción de la carrera administrativa.

La estabilidad del empleado público y la carrera administrativa, es parte esencial del sistema constitucional de división y control del poder. Permite a los agentes públicos actuar con legalidad e igualitariamente, evitando prebendas y discriminaciones. Todo gobierno autoritario se esfuerza en destruir la carrera administrativa, tratando de convertirla en un rebaño obediente. Los instrumentos son conocidos: precarización, multiplicación de cargos políticos, violencia laboral, premios y castigos remuneratorios, supresión del concurso público, etcétera. Se expulsa a los mejores o se los condena a tareas subalternas.

El cambio incesante de funcionarios políticos, transforma la municipalidad en una escuelita de primeras letras. Siempre están empezando a aprender, a costa de experimentar con las necesidades de la gente.
En una ciudad que solo genera empleo público, el mensaje transmitido es que poco vale la educación, capacidad y experiencia para obtener trabajo. La cultura del acomodo siembra el desaliento, especialmente en los más jóvenes.

Como telón de fondo, un mensaje hipócrita o esquizofrénico. Mientras más declaman los Derechos Humanos, más miserables son los sueldos municipales, más se ejerce violencia laboral sobre los empleados, y más reprimen –hasta con la policía– a quienes pretenden ser escuchados. Mientras más declaman la lucha contra la trata, más se compra sexo a cambio de cargos jerárquicos municipales. No es que nunca hubiera ocurrido, solo que ahora se hace con ostentación y pavoneo.

17072014_07lio

Desprecio por la participación democrática

La regla elemental de la democracia, consiste en aceptar que todos somos gobierno. Cuando el ungido en la elección se niega a aceptar aportes y críticas a su gestión; cuando se refugia en la obsecuencia de sus funcionarios políticos; cuando reduce las ideas a la facción partidaria que, cual nueva aristocracia del poder, pretenden monopolizar la vida comunitaria, la “democracia” se convierte en una palabra hueca de contenido.

Participar es compartir, es comunicarse y relacionarse. Comunicarse potencia la confianza y la complicidad, expande el conocimiento, lo hace fluir, y todos tienen la oportunidad de aprender, de innovar, de modificarse mutuamente.

La participación es una necesidad humana, tal vez la más importante porque con ella se pueden satisfacer las demás necesidades. Se la asocia con la autonomía crítica: derecho a informarse, a comunicar, a proponer, a disentir, a decidir, a compartir, a cogestionar. Es la fórmula mágica para reducir la agresividad, la conducta antisocial, y –también– el delito.

No nos representa cuando debería hacerlo

El poder político está obligado a justificar sus decisiones frente a las demandas de la población. Debe generar un debate público, inclusivo e igualitario en torno de los grandes proyectos y desafíos que enfrenta la sociedad.

Pero en Azul, el Intendente y algunos Concejales, urgidos por su propio futuro político y remuneratorio, se transforman en delegados del poder nacional o provincial. En lugar de defender los intereses de Azul, de ponerse a la cabeza de los reclamos comunitarios (comedores, transporte escolar, obras para evitar inundaciones, repavimentación de rutas, etc.), privilegian sus relaciones personales con aquellos gobernantes. Sus esfuerzos se encaminan a ocultar los reclamos o desmovilizar a la ciudadanía.

Aplastando las iniciativas de la ciudadanía y la sociedad

El talento, la creatividad, las iniciativas, las personas con vocación por lo público, con conocimiento y experiencia, están en la comunidad. Y hay muchas. Despuntan esa vocación integrando instituciones de bien común, y aportando generosamente su esfuerzo, su ciencia o su arte.

El gobierno municipal debe apoyarlos, brindarle los medios para facilitar la actividad comunitaria valiosa, con dinero, bienes, personal y espacio público. Tiene que dar y permitir el reconocimiento de quiénes lo hacen. La relación virtuosa entre sociedad y gobierno ha generado todo lo bueno, todo lo importante, que Azul puede exhibir desde lo público.

Por el contrario, el gobierno de Azul es un agujero negro del talento. Nada azuleño vale, nada sirve. Todo se trae de afuera, como contraprestación para algún referente político. El Intendente ha establecido una relación clientelar, dando o quitando subsidios según la obsecuencia de personas y dirigentes. Cuando las entidades osan protestar, las colocan en el ostracismo y, cuando pueden, las intervienen poniendo funcionarios políticos como directivos.

Derechos como favores: una práctica electoral

Decimos que existe un derecho, en particular un derecho humano, cuando la persona sabe que lo tiene, y puede exigirlo a la autoridad. Pero en Azul no hay derechos, sino favores que otorga el Intendente o su séquito de funcionarios. Nada escapa a esa lógica electoral. Por ejemplo, ¿qué significa tener ingresos insuficientes para obtener un subsidio mensual del Programa Ciudadano? ¿Quiénes están en esa condición?

Se ocultan los decretos, se esconden las decisiones, para que otras personas más necesitadas no exijan lo mismo. Entendamos bien, el subsidio hay que dárselo, pero a todos los que están en la misma situación, sin discriminaciones por pertenencia partidaria, parentesco o amiguismo.

Relación con los medios de comunicación social

Los periodistas y medios de comunicación son esenciales para la vida en democracia. Es un dato objetivo que muchos dependen de la pauta publicitaria oficial. No es legítimo ni democrático que pueda manejarlos el Intendente a su antojo contratando o denegando propaganda suya, para la que gasta dinero público en diarios, radios y televisión.

Necesitamos periodistas y medios independientes del poder, para obtener información de calidad sobre la gestión de la cosa pública. Solo así podemos ejercer el voto y la participación democrática.

El proyecto de ciudad

Metido en esa batalla partidaria y electoral, tal vez ya perdida, el Intendente no tiene tiempo, interés, ni funcionarios capaces, para dar respuesta a las necesidades de Azul. Se abandonó el barrio de viviendas PROCREAR autorizada por Ordenanza del Concejo; no se extienden los servicios de cloacas o gas natural; no hay una propuesta para el transporte público; no hay proyecto turístico en el lago de la Boca de las Sierras; y un largo etcétera. Ni siquiera lo cotidiano funciona bien.

Hay estrategias igualitarias que podríamos implementar, para mejorar la inclusión social, para proteger a los sectores más vulnerables, para complementar la educación y capacitación para el trabajo, para integrar a los barrios de la ciudad, para potenciar a los jóvenes con expectativas de logro real, para desarrollar la economía con escala humana. Tenemos que movilizar la sociedad con participación comunitaria, para poner en marcha proyectos comunes.

Solo hay que poner al Intendente en penitencia. A este, y a los que vengan después. Que deje sus desvaríos grandilocuentes, y se ponga a trabajar con la gente, con la sociedad, por un Azul mejor.

No será fácil, pero con un pacto ciudadano para democracia participativa, podemos lograrlo.

Pin It on Pinterest

Share This
Subscribete al Newsletter

Subscribete al Newsletter

 

Únete a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias.

¡Te has suscripto correctamente! Gracias