577508_588984977801904_1908028300_n

Eduardo Victor Lapenta
Partido Socialista de Azul

Los jóvenes de Azul no pueden lograr la ciudadanía, porque nuestra ciudad no les brinda oportunidades para ejercer verdaderamente sus derechos. No es solo una cuestión económica, aunque sabemos que el trabajo es escaso.

Para algunos es un problema de inclusión social, porque no obtienen trabajo para ayudar a su familia o independizarse. En el mundo actual deben estar preparados para el autoempleo, con capacitación y apoyo constante.

Para otros, la falta de espacios y estímulo para el desarrollo personal, para un emprendimiento productivo o artístico. Para desarrollar su imaginación y creatividad.

Incluso para el esparcimiento de los jóvenes, adonde el municipio tiene mucho por hacer, en conjunto con la sociedad civil. Alternativas a miles de jóvenes que les desagrada la lógica comercial de los boliches. Las mejores experiencias comienzan desde la sociedad civil, como ocurrió con septiembre estudiantil, pero son efímeras si falta compromiso municipal.

No tienen estímulo los jóvenes emprendedores de bienes o servicios, de toda índole. Hay que crear una incubadora, es decir, un lugar adonde el joven tiene la posibilidad de tener, en común con otros emprendimientos,  servicios comunes gratuitos, desde oficinas o talleres, hasta personal de apoyo, servicios de telefonía e internet, apoyo en la capacitación, en la producción, en la comercialización, en la identificación de mercados, en el financiamiento, etcétera. Se fijan objetivos de crecimiento, y plazos para comenzar a contribuir por esos servicios, y finalmente independizarse como una empresa autónoma.

En los oficios, hoy un carpintero o un plomero obtiene más remuneración que gran parte de los graduados universitarios o terciarios. Pero capacitar no significa sentarlos en un aula, sino aprender trabajando con alguien que sabe, como sucede en la escuela de platería.

Desde lo cultural, la tecnología nos brinda posibilidades ilimitadas. Es posible crear publicaciones digitales, hacer videos, animaciones, y cantidad de otras iniciativas que tienen veta comercial, dando espacio a los jóvenes para que desarrollen toda su creatividad. La casa de la juventud.

Los artistas, poetas o escritores, que deben abonar personalmente sus publicaciones, y podrían hacerse ediciones oficiales con muy poco dinero, distribuyéndolos gratuitamente una parte en bibliotecas. Coopelectric, en Olavarría, implementó un programa de este tipo.

Artistas fantásticos como Fernando Chiodi, Juan Carlos Maddio, Héctor García, y tantos otros en la música, la pintura, la fotografía, la poesía o literatura, no tuvieron ni tienen apoyo del municipio. Pero se paga muchísimo dinero por la presencia de artistas de otros lugares, en los festivales y eventos que se organizan en Azul.

Los nuestros deberían ser embajadores de Azul en la región, en el país, deberían tener medios a su alcance para difundir su arte, y para abrir  camino a los que lo siguen. Lugares para ensayar, lugares para tocar música, para exponer la producción local, equipamiento básico de audio, de video, para que comiencen.

Este tipo de programas no significa hacer un festival por año, o darles una oportunidad cada tanto. Eso es tan trucho como el camión de fruta para todos, que la gente necesita todos los días. Tampoco ponerle carteles partidarios de fondo, aprovechándose de los jóvenes como propaganda política.

Los planes de empleo deben incluir la mitad del tiempo en capacitación. No hay programas tan retrógrados como el estacionamiento medido o las mal llamadas cooperativas de trabajo, y cualquiera de nosotros estaría resentido de cobrar dos pesos, sin que abran una puerta al futuro.

El único empleo que está en expansión en Azul, son los puestos públicos. Y, mayoritariamente, son ocupados por integrantes de La Cámpora que, de hecho o de derecho, ejercen progresivamente los cargos de decisión en cada oficina del Banco Nación, de Pami, de Anses, de la Municipalidad, etcétera.

No hay selección ni concurso para que ingrese el mejor, el más calificado para el puesto de trabajo. De este modo se instala un mensaje muy claro en Azul: solo perteneciendo podes ingresar.

La violencia cotidiana tiene dos causas simples: la exclusión social de quienes no acceden a los derechos mínimos de la ciudadanía, y las graves desigualdades de bienes y oportunidades. El mensaje de La Cámpora, es un mensaje violento, para los jóvenes que resultan excluidos en el festival de empleos.

Pero los jóvenes de La Cámpora, empiezan mal su militancia: les pagan para no trabajar, les dan la mayor remuneración, tienen que darle una parte de su sueldo a los jefes, y les está prohibido tener una opinión crítica del gobierno.

Bueno, tal vez algunos trabajan, pero siempre están disponibles para los actos partidarios, que son priorizados por sobre las necesidades del servicio. Y ocupan los cargos más altos, despreciando la carrera administrativa, el conocimiento y la experiencia de quienes están.

En todos los partidos, y con mayor razón el socialista, los gobernantes electos donan parte de su sueldo para el partido. Pero en La Cámpora no hay contabilidad partidaria ni rendición de cuentas.

De este modo se enseña a los jóvenes a subordinar las necesidades de la gente a los intereses partidarios, a pisotear la dignidad de los compañeros de trabajo, y a naturalizar el manejo de fondos en negro sin destino conocido. Son socios, con La Cámpora, en el cobro ilegítimo de horas extras o de sobresueldos, y a ninguno les parece mal. Y les parece normal, porque los gobernantes lo admiten y estimulan.

Lo peor, finalmente, es la obediencia de opinión. El nombre de La Campora ya lo anticipa. Héctor José Cámpora, quién fue presidente argentino, que se incorporó como muchos otros conservadores en el peronismo, tuvo la cualidad de ser absolutamente leal a Juan Domingo Perón. Esa lealtad incondicional es la propia del afecto personal que se prodigaban luego de una vida de conocerse.

Pero lo que es una virtud en la relación personal, es un gravísimo defecto en el pensamiento y las ideas. Pretender que un joven tenga esa lealtad es negarle la capacidad de pensar en forma crítica y autónoma, es pedirle obediencia.

Los jóvenes tienen que “portarse mal” como dice Victoria Donda, tienen que “hacer lio” como pide el Papa Francisco. Tienen que debatir y disentir. El hombre ha evolucionado hasta ser el que es, mediante actos de desobediencia, dice Erich Fromm.

Pongamos un ejemplo. La amenaza de muerte que habría proferido Claudio Mansilla a un empleado municipal, es violencia institucional, porque se ejerce desde una posición de poder, desde el funcionario hacia su subordinado. Si hubiera ocurrido en el Partido Socialista, seguramente los jóvenes militantes le habrían pedido la renuncia, o por lo menos la suspensión hasta que se aclare lo ocurrido. Serían imparables en sus críticas, no importa quién fuera el autor.

¿Cuál ha sido el debate interno en La Cámpora por este episodio? ¿Lo tomaron como un chiste? ¿Cómo una bravuconada necesaria?

Pero, si observan la denuncia de sustracción de fondos públicos y de la violencia del funcionario ¿No tienen un debate sobre la metodología de acción política? ¿Acaso, el sueldo y los privilegios les aletarga la conciencia?

Pin It on Pinterest

Share This
Subscribete al Newsletter

Subscribete al Newsletter

 

Únete a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias.

¡Te has suscripto correctamente! Gracias