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Cambiemos la intolerancia, la opacidad y el desgobierno

Eduardo Victor Lapenta
Partido Socialista de Azul

La gestión municipal del Intendente Inza expresa intolerancia, opacidad y desgobierno. Solo hay que hablar con la gente para comprenderlo. El azuleño no es afecto a rebelarse, pero cuidado, el dicho popular advierte: “si quieres conocer a un hombre malo, haz enojar a un hombre bueno”.

Los nuevos Concejales deben lidiar con esto, fortalecer y dinamizar al Concejo Deliberante, deben ponerle límites a un Intendente que no quiere aceptarlos, deben sancionar las ordenanzas y ejercer el control necesario para asegurar el respeto a los demás, la transparencia y la buena administración. No es imposible. Con esto vendrá también el desarrollo económico, social y cultural. Y haciendo proyectos propios, porque ya aprendimos –de la forma más dura– que no podemos esperar el crecimiento desde afuera, aunque tengamos “relaciones carnales” con el gobierno nacional o provincial. En Azul nos sobran personas con talento, si evitamos el sectarismo.

La intolerancia se manifiesta en el hostigamiento y persecución a los empleados municipales, aún peronistas. También en la indebida discriminación a instituciones y proveedores, en la negativa a recibir, escuchar pedidos o reclamos, salvo que provengan de su fracción partidaria más obsecuente. Ni siquiera hay diálogo con los Concejales del partido gobernante. Nunca ha sucedido esto en Azul. Me he desempeñado más diez años en la gestión del Profesor De Paula, y toda comparación sería ofensiva para su persona, pero tampoco ha ocurrido nada similar en otras gestiones municipales.

El Intendente Inza detrás de su rostro bonachón y actitud distraída, tiene una dureza, una insensibilidad afectiva poco explicable en un profesional de la salud. Los saben bien quiénes pensaron que eran amigos suyos, de una vida anterior a su mandato, y le pidieron que haga cesar el daño psíquico que sufrían por el hostigamiento, y obtuvieron por toda respuesta “es una cuestión política”. Es decir, avala cada una de las maldades que hacen sus funcionarios. En el derecho penal esto se llama comisión por omisión, es decir, lograr el resultado dañoso omitiendo deliberadamente la conducta exigible como garante. Nada de fraternidad, nada de respeto a la dignidad, o a los derechos humanos de los que pregona.

La opacidad es el ocultamiento sistemático de los datos relevantes de la gestión municipal, violando el derecho a la información pública, y también, la más elemental regla de convivencia con el Concejo Deliberante, al que le escamotea hasta los Decretos que dicta.

Sin información pública no hay posibilidad de elección responsable. Se oculta lo irregular, lo ilegítimo, porque de conocerse cambiaría la intención del voto. A cambio se ofrecen generosas dosis de propaganda oficial, que pagamos entre todos para “lavar” la imagen del Intendente. La pauta publicitaria se manipula para lograr voces en su favor, impedir que los periodistas informen o que la gente cuente sus dolorosas experiencias con el municipio. Y usa dinero que luego falta en insumos críticos para la salud.

El desgobierno es una verdadera parálisis de la administración municipal, cruzada por la falta de idoneidad y experiencia que produjo el copamiento de los cargos técnicos con funcionarios políticos. El ingreso y ascenso de categorías, sin selección ni concurso. Las áreas municipales están  desarticuladas, los responsables se critican entre ellos sin piedad, y no pueden coordinar acciones comunes para brindar servicios a los vecinos. Los pedidos por nota duermen en prolijos expedientes, que jamás tienen resolución. Aún los funcionarios buenos, no funcionan. Los empleados o funcionarios que ya estaban, están impedidos de actuar ejerciendo las atribuciones de su incumbencia, por “obediencia partidaria debida”, y solo les queda –como es lógico– ocupar todo su tiempo en cuidarse la espalda.

No hay diálogo con los Concejales, a quiénes se los ve como enemigos. Tampoco con los Sindicatos municipales. Menos aún con los empresarios, comerciantes, productores rurales o partidos políticos. La gestión se repliega sobre sí, y pierde contacto con la realidad. Así  decisiones que adoptan, y muchas más las que se omiten, están sesgadas por intereses partidarios o personales.

El Intendente Inza es un representante político que no nos representa. Baste recordar la falta de pago en las becas provinciales para los menores alojados en los institutos (Sagrado Corazón, Buen Pastor, etc.), o el cierre de Carreras en el Instituto Superior n° 2 de Azul, o la gesta de los trabajadores de la Papelera Azuleña, etcétera. En todos los casos, lejos de ponerse a la cabeza del reclamo, se escondió debajo del escritorio para no recibirlos, para evitar pronunciarse o gestionar en un ámbito provincial o nacional. Es difícil entender el cálculo electoral que hace Inza, si le preocupa criticar al Gobernador Scioli, pero lo cierto es que su alineamiento y dependencia política le han impedido hasta ahora, representar los intereses de la comunidad de Azul.

Cada uno de nosotros puede cambiar la situación descripta, al decidir su voto. Pensemos como el Director Técnico de un equipo de fútbol ¿Cuáles son los cambios necesarios, para inclinar el partido en favor de la gente?

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