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Bertellys le restituyó el sueldo a Omara Varela

http://www.diarioeltiempo.com.ar/bertellys-le-restituyo-el-sueldo-a-omar-varela.html

Una nota sobre Omar Varela (2/4/2015) que es muy actual. Bertellys transando con Omar Varela, pagandole lo que no se le debe, porque no lo trabajó. Asegurándole la remuneración futura, aunque esté sumariado y con prisión domiciliaria. Lo mismo hizo Inza cuando le pagó diferencia de haberes por la supresión de la función que se realizó en la epoca de Omar Duclos. Duele ver que no hay plata para la salud o para sueldos dignos al personal, pero siempre alcanza para darle a los amigos del poder. Otro Intendente más que considera el dinero público como su propio dinero, y el Consejo Deliberante posa para la foto.

Eduardo Victor Lapenta
Partido Socialista de Azul

Cuando detuvieron a Omar René Varela, Secretario General del Sindicato de Trabajadores Municipales de Azul, condenado por delitos de estafa contra empleados municipales a los que representaba, ya habían transcurrido más de veinte (20) años desde que comenzó a desviar el dinero de las retenciones. Inicialmente el delito habría significado una pena menor en suspenso, pero la cantidad de víctimas y la magnitud de la defraudación fueron creciendo año tras año, y concluyó en una condena a cinco años de prisión, de cumplimiento efectivo.

Durante ese tiempo Omar Varela se esforzó en continuar como titular del Sindicato, endurecido frente al coro de reclamos de los damnificados, negando ser victimario y construyendo una realidad paralela como víctima, cooptando con favores a otros empleados, con menor o mayor complicidad de los gobernantes de turno, convencido de que si mantenía el poder sindical, tenía posibilidad de zafar de la cárcel. ¿Valió la pena vivir así veinte años?

Impresiona que, como sociedad y en tanto tiempo, no seamos capaces de enmendar situaciones. Que encomendemos todo a la “solución final” de los jueces penales. En lugar de acentuarse el reproche social, y el apartamiento de la conducción sindical, al compás de la denuncia, el juicio y la condena, el “caso” Omar Varela se fue naturalizando con el tiempo, hasta tornarse irrelevante. Solo unos cientos de los trabajadores municipales que padecieron juicios y embargos, que pagaron una y otra vez por créditos que nunca recibieron, mascullaban para sus adentros la bronca, mes tras mes, año tras año. Pero a ningún dirigente le importó.

Desde lo humano, a casi nadie se desea la cárcel argentina, un reducto militarizado decadente, adonde presos y carceleros luchan por mantener su integridad física y psíquica, y por lo general pierden. El esfuerzo gubernamental en mantener esa degradación carcelaria, parece vincularse al crecimiento de la corrupción, como un reaseguro de que quienes ejercieron cierto predominio social jamás tendrán pena de prisión de cumplimiento efectivo. No podemos imaginar siquiera, por ejemplo, a un vicepresidente en esas brutales condiciones presidiarias. Claro, toda regla tiene su excepción.

Un problema que nos define como azuleños

Podemos ensañarnos con Omar Varela. Algunos lo hacen. Pero antes de usarlo como chivo expiatorio tratando de disimular culpas y complicidades, miremos alrededor como fue posible que sucediera durante tanto tiempo. Es el sentido de esta nota, que me propuse escribir aún a costa de incurrir en imprecisiones, omisiones o aun errores, porque he tenido conocimiento directo en muy escasas oportunidades.

Difícil encontrar un caso semejante, adonde se ataque brutalmente y de forma continuada, todos los valores esenciales de la convivencia: compañerismo, preocupación por el otro, solidaridad, valentía cívica, democracia, reglas éticas del juego político y sindical.

Podemos conformarnos pensando que hay casos similares en otras ciudades, o aceptarlo como un reto a vencer para superar el estancamiento y la degradación que sufrimos como comunidad.

La primera denuncia penal

En 1994 el entonces Intendente Héctor “Negro” Rodriguez me llamó a su despacho para informarme que el Sindicato se había apropiado del dinero retenido a los trabajadores, dejando de pagar los créditos del entonces Bansud, el seguro colectivo, una docena de comercios locales, etcétera. Se estimaba que el monto total apropiado ascendía aproximadamente a $ 60.000, o la misma cifra en dólares por la convertibilidad, según notas de reclamo cuantificando lo adeudado. De inmediato se dispuso el cese de retenciones en favor del STMA, el pago directo de cuotas a los acreedores, y demás medidas de control.

Tal vez para alguno resulte paradojal que el “Negro” Rodriguez, excelente abogado penalista acostumbrado a buscar argumentos y justificantes en favor de los imputados, ordenara la inmediata denuncia penal. Pero una cosa es defender imputados por delitos concluidos, y otra permitir que se sigan consumando. Si el funcionario público no impide que el delito se siga cometiendo, se transforma en cómplice. Y el “Negro” tenía una conducta intachable.

Esa denuncia penal concluyó con un sobreseimiento. El delito de defraudación tiene un elemento básico que es el perjuicio de la víctima. Los empleados municipales afirmaron, por presiones o conveniencia, que no habían tenido ningún perjuicio. Casi aplaudieron la sustracción de fondos, bajo promesa de que se iba a solucionar. El banco decidió negociar el pago, pero finalmente tuvo que ejecutar a los empleados. Los comercios locales desistieron de reclamar.

Ninguno quiso la condena penal, porque deseaban que Omar Varela siguiera para pagarles a ellos, no les importaba cómo, no les interesaba de donde sacaría el dinero.

En 1995 comenzó una nueva gestión municipal. No es mi intención reseñar lo ocurrido luego, pero sabemos que gran parte del tiempo se mantuvo como interlocutor privilegiado de los Intendentes, hasta el gobierno actual adonde asumió el rol de socio político.

jose inza

Múltiples licencias o permisos gremiales pagas de los integrantes, oficina, teléfono, personal administrativo, vehículo, autorizaciones para efectuar descuentos sin límites en las remuneraciones de los empleados, posibilidad negociar las designaciones y poner su propia gente, de definir ascensos, el pase a planta de los transitorios, los traslados, etcétera, todo le fue otorgado. “Varela es el Director de Recursos Humanos de la gestión Inza” dijo algún concejal tratando de explicarlo. Pero también sucedió en gestiones anteriores.

El negocio financiero

Pero era obvio que el problema no estaba resuelto en 1995. Por el contrario, la necesidad de financiar el faltante inicial llevó al Sindicato a pedirle que cada empleado que tomara dos créditos personales, del que solo recibía el importe de uno de ellos. El otro, destinado a “pagar” las deudas, no aparecía en el descuento de cuotas en el recibo del trabajador.

El financiamiento con préstamos personales, con la mayor tasa de interés del mercado, generó una bola de nieve. Cada vez debía más, cada vez presionaba más sobre los empleados para que firmaran nuevos  créditos para “el sindicato”. Cambió cinco bancos distintos a medida que dejaba de pagarles, y siempre había otro dispuesto a otorgarle créditos. Más tarde una financiera, y finalmente prestamistas particulares, segun afirman los empleados.

Los bancos intimaron, iniciaron juicios y embargaron haberes de los trabajadores. La complicidad era evidente. Ningún banco serio otorga dos créditos personales simultáneos a una misma persona. Todos sabían lo que pasaba, empleados, funcionarios, intendentes, concejales, bancos, financieras y prestamistas.

Para descomprimir, Varela ofrecía a los trabajadores, devolverles mes a mes el dinero del embargo, pero en pocos meses esto tampoco pudo hacerlo. Lo mantuvo para los más amigos. Luego tampoco para ellos. Todos se enojaron cuando, finalmente, se dieron cuenta que no había forma de zafar. El Sindicato no tiene ingresos genuinos para pagar deudas de esa magnitud, y menos aun financiándose con créditos personales. Siempre fue un final anunciado.

Omar Varela hizo serios intentos para que el gobierno nacional le resolviera el problema con influencias sobre los bancos, o un subsidio de fondos públicos. Alfredo Atanasof, quién fue durante muchos años Secretario General de la Federación de Empleados Municipales de la provincia, llegó como Jefe de Gabinete al Gobierno Nacional, de la mano de Eduardo Duhalde. Logró incluso que viniera a la ciudad de Azul en 2002 pero, en plena crisis económica, no pudo o no quiso darle nada.

Finalmente, se efectuó otra denuncia penal, creo que por los propios empleados, que concluiría con la condena en el año 2009. Abogados y nuevos abogados, múltiples recursos, y la detención hace escasos días.

Algunos interrogantes que deberíamos contestar

¿Por qué tanto individualismo e insolidaridad?

Los trabajadores municipales privilegiaron su propia situación, antes que el conjunto, sin darse cuenta que serían víctimas de nuevos engaños, porque no había solución posible. Así apoyaron, mintieron, y luego odiaron a Omar Varela. Pero atrás vinieron otros, que lo endiosaron para que les consiga nombramientos, ascensos o el pase a planta.

Muchos recibieron favores, incluso económicos, pero no quisieron entender que Omar Varela solo podía darle el dinero de los otros, de sus propios compañeros víctimas del delito. La brecha se mantuvo hasta hoy, dividiendo favorecidos y perjudicados.

Los bancos, financieras y prestamistas tuvieron un motivo adicional, porque fueron cómplices de la defraudación, y siguen usufructuando del delito con cada juicio y embargo. Los comercios azuleños “se guardaron”, perdiendo el importe de la mercadería sin protestar demasiado, tal vez para no mostrar su propia ingenuidad.

Nadie se preocupó más allá de su propio perjuicio personal, y le permitieron a Omar Varela seguir haciendo lo mismo veinte años más.

¿Por qué tanta conducta antidemocrática, manteniéndolo al frente del Sindicato?

Omar Rene Varela siguió como Secretario General, obligando a las víctimas de sus delitos a desafiliarse y constituir un nuevo sindicato. Como explicar que otros empleados, compañeros de aquellos, lo siguieran votando hasta ahora, más allá de algunas maniobras realizó. Nadie niega su habilidad como sindicalista, pero acaso ¿es suficiente para que los represente quien ha estafado a cientos de compañeros suyos?

Ya sucedida la detención, el STMA declaró el “estado de alerta y movilización” contra el cumplimiento de una sentencia penal que quedó firme. Pusieron por delante la conveniencia personal, los amiguismos consolidados en la complicidad.

La sociedad que no asume la democracia en las demás instituciones, partidos políticos, sindicatos y organizaciones sociales, jamás logrará una democracia de calidad en el manejo de la cosa pública.

¿Por qué los gobiernos municipales “transaron” sin importarles el delito contra sus propios empleados?

Lo más obvio es Jose Inza, que ha privilegiado a Omar Varela como verdadero socio político, usándolo para confrontar con los reclamos legítimos de los trabajadores, impulsados por las representaciones en otros gremios. O, dándole beneficios y prebendas desleales, para asegurar que todos se afilien al STMA, a cambio de acompañamiento.

Y Omar Varela se lo ha dicho públicamente en el último conflicto, “este sindicato acompañó al contador para que no le explote en las manos… Ustedes, en tres años, no aprendieron nada…”.

¿Por qué nadie se preocupó de los damnificados?

La justicia no imputó a los bancos, entidades financieras y prestamistas que fueron cómplices en la maniobra delictual. Nadie se ocupó de determinar la magnitud del perjuicio que continúan sufriendo los empleados municipales, que aún hoy tienen embargo sobre embargo por créditos que no recibieron. Una estimación optimista coloca el perjuicio total por encima de $ 5.000.000.

Hay dudas de que se hayan falseado firmas e insertado domicilios distintos, porque les embargan el sueldo sin recibir las intimaciones. No se estructuró una defensa colectiva de los empleados damnificados, para plantear la incompetencia de juicios radicados en Mar del Plata, o la prescripción de los iniciados tardíamente, o la complicidad delictual de los acreedores, por créditos otorgados en forma irregular y nunca recibieron.

Ni el ejecutivo ni los concejales quisieron asumir jamás el problema. Hoy hablan pestes de Omar Varela, regocijándose de que se hiciera “justicia”, y la justicia no está por ningún lado para las verdaderas víctimas del delito.

Conclusiones provisorias

Las conveniencias personales, económicas, sindicales o políticas,  nublan el sentido de convivencia.

Con tal de obtener alguna ventaja, muchos han preferido usar a Omar Varela antes que ponerle límites a su conducta delictual o denunciarlo. Otros buscaron el momento para despegarse, cuando pensaban que ya no les era útil, criticándolo agriamente, como si recién descubrieran lo que sucedía.

La moraleja es que tratando de salvarnos individualmente somos presa fácil, y terminamos siendo víctimas de perjuicios mayores a los que queríamos evitar.

El estancamiento y la degradación de Azul solo podemos superarla entre todos, o casi todos, potenciando lo común por encima de las conveniencias personales, y eligiendo representaciones honestas que aseguren la transparencia, participación y solidaridad.

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