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Alicia Lapenta
Partido Socialista de Azul

El derecho a la ciudad no es simplemente un derecho de acceso a lo que ya existe, sino un derecho a cambiarlo. El derecho a la ciudad no es simplemente un derecho de acceso a lo que los especuladores inmobiliaros y los planificadores estatales definen, sino un activo derecho de hacer la ciudad diferente, para darle forma más acorde con nuestro deseo del corazón, y volver a hacernos de ese modo, en una imagen diferente. 

David Harvey.

Somos muchos los que pensamos, proyectamos y actuamos en Azul, con mirada local, y en atención a un futuro promisorio y compartido. Constantemente nos salta a los ojos un  eterno salir del paso en todo, sin ideas innovadoras ni proactivas que den lugar al accionar social comprometido,  y que contribuyan a su vez , a fortalecer los saberes, creaciones y logros autogestionarios ciudadanos, únicos constructores de la cultura local.  Invalidando en el trajín cotidiano,  proyectos  científico-técnicos, que parecen incomodar más que contribuir.

Se vive a diario, el eterno recircular en espacios decisorios, de las mismas personas, con las mismas ideas o su ausencia, donde la opinión comunitaria es escasa, o poco relevante; el  Bien Común diluido en intereses sectoriales y personales, algunos fácilmente detectables, otros un poco más difusos, pero siempre activos. Escasamente se vivencia la crítica constructiva y propositiva; y es marcada la ausencia de proyectos y estrategias integrales, con participación ciudadana;  donde la academia, además, tiene un rol de capacitación y fortalecimiento de la trama social, indelegable.

En Azul los temas urbano territoriales,- la lucha es larga y mucha-, han sido abandonados a su buena suerte desde hace tanto tiempo, que parece siempre;  y en la práctica consuetudinaria de que esos temas son exclusivamente de expertos;  y la ciudadanía -excepto que pertenezca a la categoría de inversora y para la cual siempre se elastizaran aún más las obsoletas normas-, no tiene cabida por ningún concepto.

Hoy a falta de proyectos municipales, nos deslizan un proyecto de carácter urbano para el centro comercial de la ciudad, que tiene todos los visos de la precariedad de intereses de un segmento en particular. Un proyecto de esas características que suponemos propondrá algo más que maceteros  e iluminación, junto a abordar temas vehiculares. Se supone que también rediseñara y regulara el espacio aéreo, surcado de cables de todo tipo, junto a una cartelería comercial acorde a una ciudad contemporánea que piensa en su ambiente cultural;  incluirá tratamiento de  fachadas, que algunas de ellas debería aconsejarse su recomposición en prudente armonía a la original, sobre todo en los edificios de valor arquitectónico, como el caso de  las fachadas Art-Deco,  o estudios urbanos de un poco mas de vuelo, como replantearse la integración arquitectónica y propuesta de usos acordes, del edificio del Complejo Cultural San Martin junto al ex Club Social y la planta baja correspondiente; en nombre de algunos valores en vigencia, y sin perjuicio para sus propietarios.

Y pese a la necesidad de tratamiento de otros sectores de la ciudad con actividad comercial, y los que deberían tenerla; repensar  las actuales densidades del área centro, que atentan contra los valores patrimoniales y culturales,  que no se limita a dos calles paralelas entre  esta y aquella. Que sin perjuicio de la importancia de “mejorar el centro”, se deja de lado una vez mas las problemáticas cruciales de la ciudad, donde no se vislumbra ninguna oferta de proposiciones y recomendaciones propias de la profesión “urbanista”, y la función social que conlleva; que sin duda debería ser acompañada de una activa búsqueda de compartir saberes  y participación ciudadana.

Que la gente tiene mucho para decir sobre la ciudad. Y hace falta que sepa, y opine.

Creo que es bueno poner  estos temas en debate. Porque en general, todo se hace sustentado en la presunción del escaso conocimiento de la ciudadanía, y el perpetuo estímulo a que no participe.  Y la ciudad, el derecho a la ciudad, incluye entre otros temas, -de tanta vigencia como ausencia-, la calidad de sus espacios urbanos, síntoma inequívoco de la calidad de ciudad que se ofrece no solo a sus habitantes, sino también al cacareado turismo cultural.    Estos temas, también competen a una ciudadanía que debe ser informada, solicitada opinión, incitada a su participación, y escuchada.

Y ello alcanza también a los concejales, ciudadanos que nos representan por un rato,  que no tienen la obligación de saberlo todo y deberían legislar apoyados en  un conocimiento compartido.  El caso del barrio PRO.CRE.AR en Azul, fue un ejemplo democrático.

Por razones de diversa índole, los numerosos  proyectos que presente a lo largo de los años, de reanimación urbana, uno de los cuales obtuvo el segundo lugar en el Concurso Internacional de Cooperación Urbana, en Santiago de Compostela, España; jamás tuvieron espacio en agendas políticas de ningún funcionario. Esto en claro español quiere decir que los proyectos urbano-territoriales tienen ideología. Y no siempre el propósito del Bien Común se discute, o recibe la mejor acogida. Sin contar con que para esas decisiones, hay que tomarse algún trabajo extra.

Por ello agradezco que pese a sus imperfecciones, le otorguen una mirada al proyecto del Camino Interserrano, consorcio de tres municipios Azul, Benito Juárez, Lobería, como corredor, turístico, productivo y cultural; que hoy, en esta Argentina extractivista,  a quedado en segundo plano frente a los convenios ya suscriptos entre la Provincia, Chevron “alias” YPF,  los intendentes y representantes populares, que venden la vida y el agua en vertical obediencia.

Esta circunstancia involucra actualmente a uno de los integrantes del proyecto:  Benito Juarez, donde un movimiento envidiable de ciudadanos organizados, están trabajando denodadamente para detener el fracking en su Municipio, al igual que en el municipio de Tandil.

Frente a esta situación y el riesgo de también nosotros caer en ella, creo que pudiera valer la pena,  mirar y compartir un proyecto expuesto en diferentes momentos y lugares de la ciudad; concejo deliberante, instituciones educativas, publicado en varios medios periodísticos; que tiene la cualidad de generar un espacio turístico estratégico en todo el tramo de la ruta 80, existente en el Municipio de Azul,  diseñado con nuevos conceptos sustentables y medioambientales, que generarían un corredor hasta Pablo Acosta y el arroyo -limite con Tandil- y su potencial atractivo turístico productivo, con características únicas.

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Dos de sus componentes estratégicos  son:

– la generación de un área de uso mixto para la parcela rural denominada hoy “Boca de las Sierras” Reserva Natural de la Provincia ley 12781/01, con un Plan de Manejo acorde.

– la dinamización de tierra rural frentista a la ruta 80, (en acuerdo con sus propietarios) que brindará la posibilidad de vender parcelas de a una hectárea, permitiendo la inversión privada en proyectos turísticos asociados a los atractivos del sector,   definiendo normativas de usos preferenciales y diseños constructivos amigables con el medioambiente, con la previsión de estímulos fiscales, incluyendo en ello a servicios con oferta de productos locales y regionales provenientes de la Economía Social, generadores de empleo autogestivo,    siempre ecológicos, siempre convenientes, y tentadores.

Un proyecto que permitiría la generación de un territorio innovador, en un recorrido turístico paisajístico ambiental, junto a un espacio de privilegio de variados usos turísticos y productivos asociados a la ruralidad, así como para turismo científico en el estudio del ambiente natural, flora autóctona y arqueología serrana, con jardín botánico, vivero productivo, y parcelas demostrativas comparativas de la diversidad de siembra en la región.

Esto llevado a cabo con proyecto, gestión, ejecución y financiamiento desde enlaces multiactorales e  interinstitucionales  liderados en Azul y por azuleños, otorgando  nuevos roles protagónicos a las Facultades de la UNICEN, sus centros de investigación y nuestros investigadores, como el NUCEVA, centro de investigaciones de la Facultad de Agronomia,  dirigiendo el Plan de Manejo de Boca de las Sierras junto a profesionales de la gestión pública, el  CiNEA, centro de Investigaciones de Estudios Ambientales con sede en Tandil,  y la Facultad de Derecho en el campo de las normativas territoriales, ambientales y constructivas.

Todo ello realizado con capital científico-cultural local, movilizando el estímulo a la inversión de capitales locales;  generando un territorio innovador, con sus consecuencias de posicionamiento nacional e internacional, turístico, educativo, científico y deportivo. Y un nuevo impulso a la autoestima ciudadana.

Un trabajo en territorio de estas características lleva implícito, desde la Economía del Bien Común,  puestos de trabajo surgidos tanto del estímulo a la inversión privada, como la promoción a emprendimientos autogestivos  y  asociativos para producción local diversificada, autonomía alimentaria,  precios justos. ……

En fin, lo que llamamos desarrollo endógeno, es un desarrollo de construcción social. Que piensa y propone el desarrollo ya no como un proceso técnico, sino como el más grande reto que se plantea al conocimiento y la política del siglo XXI.

Y salir de las catacumbas.

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